Las smart cities o ciudades inteligentes ya están aquí

En los últimos años hemos experimentado una gran transformación digital. Ésta ha afectado de forma sensible a nuestros hábitos y forma de vida personal.

Pero este proceso está en continua evolución y las ciudades están trabajando en la aplicación de esta transformación para convertirse en «ciudades inteligentes».

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De este modo, con el uso extendido de sensores y el Internet de las Cosas, las smart cities quieren mejorar los servicios prestados a sus ciudadanos y realizar una gestión más óptimas de sus recursos.

El reto ante el cual se enfrentan las ciudades es como realizar la interacción con sus habitantes de forma eficaz. Los avances realizados en las telecomunicaciones, otras materias científicas relacionadas con el desarrollo humano y la integración con el Internet de las Cosas serán fundamentales para afrontar este reto.

¿Qué servicios nos prestarán las smart cities?

Servicios relacionados con trámites administrativos o actividades diarias, monitorización ambiental en tiempo real, gestión eficiente de plazas de aparcamiento y tráfico y otros servicios basados en software en la nube y big data, como por ejemplo aquellos relacionados con la teleasistencia.

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Tendencias en smart cities para los próximos años

El equipo IDC Smart City predice que en los últimos años están surgiendo las siguientes tendencias alrededor del movimiento de las smart cities:

  • Una creciente adopción en el desarrollo de estrategias y hojas de rutas para implementar inteligencia a las ciudades. Pero no sólo por parte de localidades, sino también por parte de estados, agencias gubernamentales, etc. Según IDC en 2017, al menos 20 de los países más grandes del mundo crearán políticas nacionales de smart cities. El objetivo será priorizar la inversión y realizar documentación técnicas y guías de trabajo.
  • No se conoce cuál será en el futuro el impacto real del Internet de las Cosas, así como los beneficios y desafíos derivados de los nuevos tipos de tecnologías móviles y dispositivos conectados (drones, wearables, coches conectados, etc.).
  • Continuaremos viendo que las ciudades invierten en el Internet de las Cosas. Pero, incluso en ciudades con proyectos pilotos en funcionamiento, hay una falta de estrategia en cómo desarrollar políticas e implementarlas. Con los riesgos en lo que respecta a seguridad que conllevan. Por ejemplo, no existen políticas en lo que respecta al uso privado o público de drones, sensores y dispositivos.
  • La información proveniente de las redes sociales y empresas de economía compartida (Airbnb, Uber, etc.), tendrán un gran impacto en las ciudades. Éstas están tratando de conseguir como integrar esos datos en sus sistemas y utilizarlos adecuadamente. Tenemos que tener en cuenta que esos datos son habitualmente desestructurados, se obtienen desde diferentes fuentes y en diferentes formatos: texto, video, imágenes, audio, etc. Este hecho representa un desafío debido a que estos datos son altamente relevantes y útiles para mejorar los servicios prestados a los ciudadanos. Por ejemplo, la aplicación Waze obtienen datos del estado del tráfico a partir de los miembros de su comunidad. Si integráramos estos datos con los sistemas de gestión del tráfico de las ciudades, ayudaría a los operadores a actualizar los semáforos y señales para ajustarse al tráfico existente prácticamente en tiempo real.

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